Medita La intención, sin embargo, debería ser la

Medita para conectarte contigo mismo Cuando comenzamos a moldear nuestra existencia para obtener el futuro que deseamos, es común que el ruido y ajetreo de la vida diaria se incremente. Las responsabilidades son mayores, pues activamente buscamos comprometernos con nosotros mismos y nuestra mejoría personal, ergo, el estrés también incrementa y no es de extrañar que terminemos recurriendo a diversas formas para liberar tensiones o escapar momentáneamente. Estas formas de escape, si bien son naturales, pueden hacernos tropezar u olvidar las metas que nos hemos planteado. Afortunadamente, la meditación podría ser la solución a este pequeño gran inconveniente. Meditar puede considerarse un proceso de reflexión direccionado hacia un tema en particular. Esto resulta vital a la hora de renovar nuestro ser porque nos permite reconectarnos con nuestras verdaderas intenciones hacia nosotros. La reflexión viene de forma natural cuando nos detenemos a respirar profundo y pensar con calma en un ambiente sereno en el cual nos sintamos seguros. Ahora, ¿qué buscamos al meditar? La respuesta es distinta para cada persona. La intención, sin embargo, debería ser la misma para todos: reconectar con nosotros mismos, visualizar lo que queremos, cómo obtenerlo, las acciones que debemos tomar para ello y el estado actual en el cual nos encontramos. En esencia, volver a lo básico, preguntarnos, y responder con honestidad: ¿qué nos hace sentir llenos? ¿Qué trae felicidad a nuestra vida? ¿Estoy satisfecho con la vida que llevo? ¿Puedo cambiarla? ¿Cómo? ¿Qué estoy haciendo para ser cada día mejor? Son preguntas difíciles, con respuestas muy complicadas, pero son preguntas que debemos respondernos, pues nadie más lo hará por nosotros. Procura tener siempre en mente que plenitud depende de nuestro autoconocimiento. Así como el históricamente famoso imperio romano no se forjó en una sola noche, resulta extremadamente difícil llegar a conocer nuestro corazón en tan solo 24 horas. Seguramente habrás escuchado, al menos una vez, que cada ser es una galaxia, llena de planetas, estrellas y demás cuerpos celestes. Suena como un cliché, pero es en realidad una de las verdades más evidentes que pasan desapercibidas. Cada persona que vive su vida experimenta diversas emociones, existe en distintos contextos y convive en una realidad que no podemos imaginar, pues el universo la ha moldeado de forma distinta a la nuestra. Solo existe una forma de llegar a conocer nuestro verdadero yo: recorriendo el camino de la vida. Cada nuevo recuerdo que creamos deriva de una experiencia vivida, esta experiencia suele originar en nosotros un sentimiento u emoción particular, además, nos hace reaccionar de una forma única. Gracias a esto afloran en nosotros facetas que desconocíamos; el cobarde descubre que puede ser valiente cuando el amor de su vida está en peligro; el egoísta se sorprende cuando ve bondad en sí al dar de comer a un animal solitario que deambula por las calles de su ciudad; el ansioso entiende el valor de su propio ser cuando confía en sí mismo .  Podríamos dar diversos ejemplos de diversas emociones o facetas (positivas y negativas), pero todo lleva a lo mismo, a la verdad universal de que solo podemos saber quién somos con el paso del tiempo y con un saco lleno de recuerdos: algunos que recordamos con sonrisas y otros que lamentamos recordar pues nos gustaría olvidar. No existe edad adecuada para saber quiénes somos, y es importante destacar que, ya que la vida es un proceso de cambio, somos seres en constante evolución. Nunca sabremos el 100% de nosotros pues siempre habrá algo nuevo por vivir y por descubrir. Recuerda, no siempre lo sabrás todo, incluso cuando se trata de ti.

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