La que ha logrado parámetros productivos más eficientes

La producción avícola en el mundo ha sido una de las
actividades pecuarias caracterizadas por un significativo crecimiento en la
última década, cuyas causas pueden resumirse en dos factores esenciales. Por un
lado, el incremento en la demanda de carne de ave y huevo como alternativa de
aporte proteico en la alimentación humana a escala mundial; y por otro lado el
avance tecnológico en infraestructura, equipamientos, genética, nutrición,
sanidad y manejo que ha logrado parámetros productivos más eficientes en la
producción intensiva de aves (Kuttel, 2007).

En este
sentido,  Rivera, (2008) señala que el
constante crecimiento de la población humana ha originado a su vez una
creciente demanda de alimentos de origen animal para consumo humano dentro de
los cuales están los producidos por la avicultura la cual experimenta un
crecimiento constante que cada vez se ve más amenazado por la aparición de
enfermedades emergentes e incluso nuevas. En este aspecto, la bioseguridad ha
sido la principal herramienta para controlar y minimizar los riesgos de las
enfermedades (García,  2008).

La bioseguridad forma parte de las buenas prácticas de
producción (BPP) y  puede definirse como
el conjunto de medidas que abarcan aquellas estructuras de la explotación y los
aspectos de manejo orientados a proteger a los animales de la entrada y
difusión de las enfermedades infectocontagiosas y parasitarias en las
explotaciones (Scheurer, 2014).